Por Nabor Ruiz Martínez
UCV, Caracas, Venezuela
Comenta
Dewey (2016) que, potencialmente hablando, un organismo aislado no es nada, que
sólo por medio de la interacción y los sentidos de las instituciones
organizadas es que se alcanza la verdadera personalidad. Esto se aplica a los
seres humanos desde los albores de la humanidad, y es que gracias a esa
organización, comenzando por la de tipo familiar es que se llega al desarrollo social,
a lo comunitario.
En
este sentido, el hombre siempre ha sido un ser gregario, que forma comunidades
y las desarrolla, todo mediante el lenguaje y el empleo de las tecnologías. Ya
en la antigüedad tuvo la necesidad de dejar plasmados sus conocimientos, sus
saberes, mediante signos en diversos materiales. Comenzó con los fenicios y el
desarrollo de la escritura la cual fue perfeccionada por los griegos y los
romanos, sin dejar de lado a los que empleaban los egipcios, y otras culturas,
para tratar de dejar su cotidianidad, su historia escrita y transmitirla a sus
descendientes. Con esfuerzo, tesón y algo de suerte este proceso se hacía
trabajosamente.
El
gran avance vino de manos de un artesano alemán, Johan Gutenberg, quien en la
década de 1450 construyó una imprenta de tipos móviles, lo que facilitó
grandemente la expansión del conocimiento y permitió que en poco más de 50 años
muchas personas ya estuviesen editando libros masivamente. Acá se observa cómo
la aplicación de una tecnología, aunada a la inventiva de muchas personas
genera cambios sociales, económicos, políticos y culturales que afectan
positivamente al ser humano sin distingo de raza, credo, orden social o
nacionalidad.
Comenta
Hauser (1973) que el desarrollo del libro, gracias al aporte e inventiva de
muchas culturas, como los fenicios, los griegos, los romanos, los chinos, los
árabes, y al final el desarrollo aplicado en Europa y en Norteamérica en la
imprenta offset, asentó las pautas y normas que democratizaron la educación y
la formación social en el ser humano.
Es
innegable que el desarrollo de la imprenta permitió durante casi 7 siglos el
crecimiento social y económico de imperios y naciones, los cuales controlaban
la información y los medios de producción, y con ello adquirieron poder
financiero y privilegios que la misma información les otorgaba. También se debe
reconocer que otras naciones, menos
favorecidas, aprovecharon las bondades de la tecnología y del desarrollo
comunicacional para crecer bajo su amparo.
Los
grandes medios de comunicación se desarrollaron masivamente gracias a la
revolución industrial y tecnológica que permitió rápidos avances en el
desarrollo de las telecomunicaciones, lo que mantuvo durante muchos años una
hegemonía comunicacional que hacía cautivas a las personas de las audiencias. Resulta
innegable el poder que llegaron a poseer grandes medios en la toma de
decisiones y su influencia en los acontecimientos de orden mundial. Todavía se
recuerda el papel de los medios, por ejemplo, en la crisis de los misiles de
Cuba, o el papel que tuvieron durante el recorrido de la Guerra Fría, o casos
como el Watergate, en Estados Unidos. Sin embargo, esto comenzó a cambiar hace
apenas 36 años con el advenimiento de Internet, el cual fue el resultado de
varios avances tecnológicos, inicialmente aplicados militarmente en Estados
Unidos y que luego desencadenó toda una ola comunicacional que nos envuelve
mundialmente.
Y
es que, los militares experimentaban avances en la tecnología con el fin de
obtener ventajas estratégicas durante la llamada Guerra Fría, la cual era la
confrontación que había entre el bloque soviético liderado por la Unión
Soviética y el otro bloque, liderado por Estados Unidos. Entre esos desarrollos
estaba una red de computadoras militares llamada Arpanet, la cual buscaba
facilitar las comunicaciones entre sistemas y era apoyada y desarrollada por
varias universidades estadounidenses, la Universidad de California, el
Instituto Tecnológico de Massachusetts, la Universidad de Santa Bárbara y el
Instituto Stanford.
Es
reconocida la labor de varios científicos, quienes contribuyeron con sus
conocimientos en el desarrollo de las tecnologías inmersas en Internet, uno de
ellos es Leonard Kleinrock, quien fue quien desarrolló la teoría de los
paquetes y conmutadores, que equivale a dividir la información que viaja en
bloques, lo cual facilitó la transmisión de información. Otro desarrollador fue
Paul Baran, quien ideó un sistema descentralizado que permitió conectar los
computadores, siendo estos inmunes a ataques ya que había diferentes nodos para
facilitar el recorrido de la información.
Otro
desarrollo implementado fue de la mano de Vinton Cerf y Robert Khan quienes
junto a otros investigadores, como Larry Robert, aplicaron el protocolo TCP/IP
el cual fue el que permitió la transformación de Arpanet en lo que hoy es
internet. Es de hacer notar, que el gran impulso vino de la mano de Tim Berners
Lee, quien fue el que desarrolló junto a un equipo de investigadores del CERN,
en Ginebra, Suiza, el protocolo HTTP y el lenguaje HTML, el cual es el lenguaje
de etiquetas de hipertextos, y el sistema de localización de objetos en la Web,
URL. En 1994, Berners Lee crea la World Wide Web, en el MIT, y desde allí supervisa y estandariza todo el
desarrollo sobre el que se fundamente la Web y permite el libre funcionamiento
de internet.
Hay
muchos hitos relacionados con el desarrollo de internet, como la creación del
correo electrónico por Ray Tomlinson, en 1971, o la invención de los
navegadores como Navigator, de Netscape, en 1994. Sin embargo, se podría pensar
que uno de los mayores hitos relacionados con internet, si no el más
importante, es el desarrollo en 1970 por parte de investigadores de la
Universidad de Hawai, de la tecnología Wifi, el cual se aplica finalmente en
1997, y permite la descentralización inalámbrica de los dispositivos vinculados
a la red. Hasta esa fecha, las computadoras y otros dispositivos tenían que
estar conectados mediante cables a la red. Al quedar liberados los aparatos, la
movilidad se hizo presente y sentó nuevas pautas de utilización y de
aplicación.
Web 2.0.
Ya
para el año 2004 había una tendencia en la aplicabilidad de la Web, la cual
llegó a ser descrita por Tim O’Reilly como una forma de utilizar internet para
potenciar la inteligencia colectiva, ya que se basaba en la colaboración y en
la producción de contenido por parte de esos usuarios. El “yo sí puedo” se hizo
presente, los usuarios vieron la potencialidad de producir, generar sus propios
contenidos, se masificó el uso de herramientas que permitieron hacer, editar,
gestionar y manipular la información. Las audiencias dejaron de ser pasivas,
tomaron el control de lo que se les daba, obtuvieron el poder de vetar o potenciar,
se llegó a lo que se llama empoderar sus acciones.
Y
el terreno donde el usuario expone todo su poder está en el manejo de las redes
sociales. Estos sitios que comenzaron como una especie de espacios de
entretenimiento y de reunión para mostrar cosas y eventos sociales, fueron
adquiriendo relevancia a medida que los usuarios fueron viendo las
posibilidades de producción, de aplicabilidad, lo que generó una dimensión cognitiva
que ni los mismos desarrolladores pensaron en alcanzar en su momento.
Actualmente,
en las redes sociales, millones de usuarios interactúan socialmente, lo que genera un universo
paralelo en constante crecimiento, con posibilidades infinitas de desarrollo
tecnológico y económico. Ya los hábitos del ser humano están tan inmersos en
este universo paralelo que hasta se puede vivir de él. En internet el usuario se
relaciona socialmente, labora e interactúa profesional y académicamente, sea
desde su casa o su móvil las 24 horas del día.
La 4ta. Pantalla
A
partir de 1997 se da el fenómeno de la llamada 4ta. Pantalla, y es que hasta
ese momento se planteaba que la primera pantalla para el espectador era la del
cine tradicional; luego seguía la de la televisión, la cual tenía al alcance en
su hogar; la tercera pantalla era la de la computadora, la cual ya se estaba
masificando en su hogar y en los centros de trabajo; y luego vino la 4ta.
Pantalla, la del celular, sobre todo, la del celular inteligente, el cual se
podría decir se disparó con el desarrollo por parte de Apple del modelo iPhone,
el cual consolida al dispositivo como una pequeña computadora llena de
aplicaciones que satisfacen las necesidades de los usuarios de diversas formas.
El reino de las Apps
En
la 4ta. Pantalla se emplean aplicaciones diseñadas para ejecutar funciones
específicas, entre esas aplicaciones están las que manejan o permiten
conectarse a las diferentes redes sociales que se han creado para deleite y
comunicación de los usuarios. Un celular inteligente cuenta con la capacidad de
operación normal de un teléfono inalámbrico, el cual sirve para recibir y
ejecutar llamadas telefónicas, pero también permite el intercambio de
diferentes tipos de información, sean estas de tipo fotográfico, textos,
sonidos, videos o animaciones.
Generalmente, el nivel de edición y función depende de las propias características de los dispositivos, los fabricantes ofrecen diferentes niveles de desarrollo, innovación y capacidad tecnológica, dependiendo de los costos, por lo que los usuarios, acceden a ellos hasta donde su propia capacidad adquisitiva lo permita. Es conocido el lema de que a más inversión más nivel de respuesta le dará el equipo. Y he allí una de las ventajas que ofrece la movilidad, la capacidad de producir contenidos para ser colocados en internet, de forma rápida y eficiente mediante la aplicación de programas contenidos en los propios celulares inteligentes, ya no es necesario que el usuario produzca el contenido con el aparato y lo tenga que descargar en una computadora para editarlo o modificarlo, y menos aún, para subirlo a la red.
Transmedia, mucho más que
un programa
Queda
establecido que internet sí es un medio de comunicación, ya que aglutina a
otros medios como la radio, los impresos, los videos, los sonidos, la TV, y
estos, sirven para comunicar y transmitir ideas, a su vez, el hecho de utilizar
diferentes enlaces convierten a los hipertextos en una fuente continua e
interminable de acceso para el usuario al conocimiento. Si, se agrega que ahora
el usuario puede responder, puede opinar, puede crear su propio contenido, se
entiende que la pasividad que lo convertía en un simple receptor, ya no existe.
En
este sentido, la forma de producir contenidos ha ido cambiando a través del
tiempo, ya no solo se produce material para que el usuario lo consuma, si no
que se busca que el propio usuario apoye el desarrollo propiciando los cambios
para su propia satisfacción. De eso se tratan las diferentes modalidades
existentes de producción de contenido, por ejemplo, la llamada transmedialidad, donde se utilizan todos
los recursos tecnológicos que estén a la mano para presentar la información.
Por ejemplo, si se trata de un programa televisivo, se muestran los diferentes
capítulos, los cuales se publicitan en redes sociales de diferentes
características, con varias modalidades, se pueden emplear diferentes
materiales, desde los que se elaboran en la propia producción de los capítulos,
hasta los espacios extra que se generan tras la pantalla. Los actores cada uno
por su lado. pueden contribuir aportando información, y generalmente, se
emplean hasta “reality shows” para comentar sobre los episodios. Inclusive se
pueden vender productos relacionados como ropa, objetos de uso general y hasta
juguetes del programa. Todo esto se hace buscando la cercanía, involucrar al
espectador para que haga suya la
experiencia desde una forma más personal e íntima, con ello, los productores
buscan la permanencia en el interés del público de sus programas. Si a esto, se
les agrega el fenómeno de las redes sociales, donde existen verdaderas
comunidades de fanáticos, dispuestos a interactuar, a generar contenidos
relacionados y hasta asumir los modos de vida de sus personajes o héroes, se ve
que la transmedialidad va más allá de
un estilo de utilizar la tecnología para asumirlo como un modo de vida, si se
quiere.
Las redes sociales como
vehículo
Básicamente,
la 4ta pantalla es utilizada por los usuarios para mantenerse informados, y
esto es aprovechado por los generadores de contenidos para tratar de
engancharlos, de involucrarlos publicitariamente. El quid del asunto es
mantenerlos conectados el mayor tiempo posible, aunque con ello haya que
generar los llamados “Fake”, o sea, contenidos falsos que lo que buscas es
generar tiempo de pantalla o los llamados “like”, los cuales permiten monetizar
las interacciones que los usuarios tienen con algunas redes. Por ello, es
sabido, lo que algunos llamados “influencers” pueden hacer para monetizar.
Entre esas acciones están desde el mentir, hasta el exponer la propia vida a
peligros reales para complacer a los seguidores. En este sentido, casos y
ejemplos sobran en internet, donde quedan como testimonios de esas aberraciones.
Y
ya que se comenta sobre aberraciones, debemos tocar los casos de la llamada internet oscura, donde se pueden acceder
a materiales fuera de la ley como de pedofilia u otro tipo de contenidos
inmorales o criminales. Todo amparándose en la supuesta máxima que no pueden
ser rastreadas las direcciones IP de los dispositivos que la utilizan.
El
hecho es que los modelos de comunicación tradicionales han tenido que buscar un
punto medio, por ejemplo, el Híbrido, de McLuhan, para poder tratar de definir
el comportamiento del usuario ante esta realidad que constituye internet, la
cual permite producir y consumir información desde varias perspectivas, desde
varias realidades y desde varias filosofías comunicacionales.
El
otro hito que se está explorando actualmente es el llamado de la aplicación de
la IA, o la llamada Inteligencia Artificial, una nueva tecnología que busca
generar contenidos nuevos, perfeccionados y elaborados automáticamente, o en
tal caso, perfeccionados mediante programas que sigan unas pautas establecidas.
En este sentido, la IA buscará las preferencias del público, y las utilizará
para generar los contenidos que supuestamente aceptará sin chistar, ya que los
tomarán de sus propias preferencias. En ese sentido, no toman en cuenta que los
usuarios son volubles, subjetivos, que hoy pueden preferir una cosa y mañana
otra. En este sentido, se podría tomar el caso de la red X, antes Twitter, al
interactuar varias veces con un tipo de contenido, los algoritmos que emplean
la red comienzan a mostrar siempre el mismo tipo de video o textos, buscando
generar más interacciones, sin embargo, es molesto a veces, para el usuario ya
que se llena el time line de material parecido, sin tomar, en cuenta si eso es
lo que realmente desea el usuario. He allí un ejemplo negativo de esas
manipulaciones automáticas por parte de algoritmos en redes sociales. Para
tratar de lograr esa medición de preferencias la propia IA debería ir cambiando
los algoritmos que utiliza en el seguimiento de los gustos del consumidor y los
debería adaptar de acuerdo al rendimiento que obtenga en un momento específico.
Ahora, se tendrá que ver hasta dónde llegará y ver qué será lo que trae el
futuro en el desarrollo de esa tecnología IA, la cual demanda recursos y
herramientas que la afinen y le permitan cumplir, realmente, el fin para el
cual han sido creadas, facilitar la convivencia y la interacción entre la máquina
y el ser humano.
Referencias:
Dewey, J. “Democracia y educación”. The McMillan Company,
(2016) EEUU.
Hauser, E. “Viva el
libro”. Condensado de "Christian Herald", y tomado de Selecciones del Reader's Digest,
septiembre 1973.
Alvarado,
M. La escuela al son de los medios. La
relación Educación, Comunicación y Medios en el contexto venezolano de los años
30 y 40. Anuario ININCO • Nº 1
• Vol. 25 •
Junio 2013
Maldonado,
P. Humanos, lo que nos hace únicos.
Revista Universitaria. Número 157.
https://revistauniversitaria.uc.cl/dossier/humanos-lo-que-nos-hace-unicos/15451/#:~:text=La%20neurociencia%20ha%20demostrado%20que,evaluar%20acciones%20futuras%20y%20cultura.
Meza,
M. Desafíos de la educación. Formación en
valores. Compilación.. http://saber.ucv.ve/handle/10872/17333
Terenzani, A. Apuntes tomados de clases presenciales.
(2024). Caracas.
Valdettaro,
S. Epistemología de la comunicación. Una
introducción crítica. UNR. (2015)
Zavater,
F. El valor de educar. Editorial
Ariel, Barcelona, España.
(1991).
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