Por Nabor Ruiz Martínez
UCV, Caracas, Venezuela
Resumen:
En el presente artículo se hablará sobre los conceptos de ética, convivencia y democracia, de cómo esos conceptos se interrelacionan íntimamente en una sociedad democrática y de cómo afectan significativamente a los diferentes individuos inmersos en ella, así como las características particulares que presentan cada uno de esos elementos que la componen para definir una realidad organizativa y política que caracterizan a las sociedades de occidente.
El
ser humano es un ser desvalido en la naturaleza, la única forma de sobrevivir
en un ambiente hostil, fue la de agruparse en comunidad, con ello garantizó la
subsistencia de la especie como tal. No posee colmillos ni garras, ni pelaje
abundante, sólo su intelecto y su capacidad de comunicación fue lo que le
permitió avanzar y sobrevivir. Esa forma de organización nuclear, primero en
torno a la familia, y luego, la unión organizacional de liderazgos y
participación es lo que lo capacita y completa para ser útil socialmente.
Comenta
Dewey (1916) que un organismo aislado no es nada, que sólo por medio de la
interacción y los sentidos de las instituciones organizadas es que se alcanza
la verdadera personalidad. Esto se aplica a los seres humanos desde los albores
de la humanidad, y es que gracias a esa organización, comenzando por la de tipo
familiar es que se llega a lo social, a lo comunitario. En este sentido, el
hombre siempre ha sido un ser gregario, forma comunidades y las desarrolla,
todo mediante el lenguaje y el empleo de las tecnologías.
También
esa agrupación en comunidad es la que le da al ser humano la oportunidad de
educarse, para prepararse para cumplir el rol futuro que le tocará ejercer
durante su existencia, por eso la educación es una parte integral del
desarrollo del individuo. Savater (1991) dice que educar va más allá de la
simple instrucción, que es un acto complejo que implica también la formación
del individuo como persona, lo que facilita la convivencia y prepara a una generación
para preparar a otra, esto es lo que garantiza la permanencia y la evolución
social a través del tiempo.
Según
comentan Pérez, Berrueco y Quezada (2019) “La formación ciudadana es un proceso
que forma parte de la socialización de los individuos cuyo propósito es la
educación en valores sociales, que cooperen en el desarrollo de comportamientos
solidarios, basados en una identificación plena con la comunidad y el respeto a
la convivencia”. Y bueno, de esta afirmación se podría pensar que desde la
familia, es que parte la formación primaria de esos valores en el individuo.
Los padres cumplen la labor primordial de proteger y formar esos valores
cívicos, por lo que se prepara al individuo para interactuar con los otros,
para ello se utilizan muchas herramientas, sin embargo, el ejemplo, es decir,
el modelo que los hijos observan en los padres será lo que ellos, básicamente,
aplicarán en su propia existencia. He allí la importancia del núcleo familiar
en la formación de valores primarios en el ser humano. Por supuesto, hay
factores culturales, geográficos, étnicos y de otra índole que influyen en la
formación del individuo, sin embargo, siempre hay un factor en común.
Comenta
Hauser (1973) que el desarrollo del libro, gracias al aporte e inventiva de
muchas culturas, como los fenicios, los griegos, los romanos, los chinos, los
árabes, y al final el desarrollo aplicado en Europa y en Norteamérica en la
imprenta offset, asentó las pautas y normas que democratizaron la educación y
la formación en el ser humano. Sin embargo, este proceso no alcanzó a todas las
sociedades por igual, diversas causas, entre ellas lo cultural, lo político, lo
organizativo, lo económico, y lo social, hizo que el proceso educativo se
singularizara y regionalizara de acuerdo a las características propias de cada
país y región.
Dewey (1916) expresa que uno de los
sentidos democráticos más arraigados que existe es el de la educación, ya que
en base a ella es que se logra el nivel necesario que permita la elección de
los gobernantes por parte de los gobernados. Y que esto es más que una forma de
organización, es un conjunto de experiencias comunicativas asociadas efectiva y
significativamente para el mantenimiento social.
Prieto
Figueroa (1959) comenta que “el humanismo aplicado en la educación debe ser
para desarrollar las habilidades del hombre, colocándolo en su medio y en su
tiempo, al servicio de los grandes ideales colectivos”. En este sentido, en el
año 1948 cuando se propone el Proyecto de Ley Orgánica de Educación Nacional en
el Congreso venezolano se buscaba ampliar el proceso para las masas excluidas
del sistema educativo. Comenta Prieto Figueroa (1959) que hasta ese entonces,
el 59% de la población mayor de 15 años y más de 500 mil niños no asistían o no
tenían acceso a la escuela, por no haber instituciones lo suficientemente
disponibles para todos, y los costos educativos estaban muy lejos de cumplir la
gratuidad ofrecida por la legislación, lo que no era democrático ni terminaba
con el sistema de castas educativas que hasta ese momento había en Venezuela. Y
es que hasta ese entonces, comenta Pietro Figueroa, al igual que en el modelo
democrático griego, sólo una élite, una pequeña parte de la población podía
realmente cumplir con todos los niveles educativos desde el preescolar hasta la
universidad.
En
este sentido, la masificación de la educación es importante para lograr un
verdadero desarrollo social democrático y eso se encuentra es en los propios procedimientos
del proceso de enseñanza-aprendizaje que se da en las instituciones educativas
y en la adquisición de valores fundamentales, como la ética, el respeto, la
solidaridad, la libertad, la tolerancia a las diferencias, etcétera, las cuáles
deberían darse y enseñarse, en teoría, dentro del núcleo familiar, pero que
muchas veces se ve entorpecido por las propias características actuales que
presentan la mayoría de las familias venezolanas, de bajos recursos, en
la actualidad.
A
su vez, comentan López y Leal (2002) que en la actual sociedad del
conocimiento, el bienestar y la riqueza están influidos notablemente por el
nivel y la calidad de los saberes de sus miembros. Es necesario, que sean
miembros activos comprometidos por el desarrollo económico y ser portadores de
los propios cambios sociales que el mismo sistema solicita. Se puede decir, que
el sistema actual tiene alguna dosis de incertidumbre, no es como el antiguo
sistema industrial donde el desempeño podía mantenerse toda la vida, los empleos
eran de larga data, la época actual exige unas actualizaciones constantes de
los saberes y hasta un cambio de rol continuo y constante dentro de la misma
sociedad, todo con la finalidad de desarrollar las capacidades de la persona.
Se
podría decir que la educación como tal es la base de la convivencia. Según la
RAE (2024) “convivencia” significa coexistir, cohabitar, relacionarse, tolerar
a otros. Y es que este significado simple significa mucho para el ser humano.
Nada como el vivir junto a otro, relacionarse para el aprendizaje, para
garantizar, como dice Savater (1991) la transmisión de conocimientos de
generación en generación.
Según comenta Cortina (2000) la democracia moralmente
deseable y legítima no se reduce a un mero mecanismo, sino que consiste en un
modelo de organización social, que parte por el respeto a la autonomía
individual y colectiva y esto se adquiere desde una forma de vida
participativa, que ayuda a desarrollar el sentido de la justicia. A su vez,
comenta Cortina (1988) que el ser humano según Kant tiene un valor absoluto, y
por ello no puede ser tratado como instrumento por ser un ser racional que
tiene moral en sí mismo, por lo tanto no puede ser un medio para otra cosa. Es
decir, hay moral porque las personas son unos seres absolutamente valiosos en
sí, por lo tanto hay que respetarlos y darles su valor. De todos los sistemas
organizativos, la democracia es el que garantiza ese respeto.
Se entiende, según dice Gándara (2002) que este
compromiso requiere que se instrumentalice lo público como de responsabilidad
compartida por todos, y que sus beneficios deben ser colectivos no
individualizados. Es decir, debe haber equilibrio entre lo público y lo
privado, el desarrollo común parte de lo individual.
Y bueno, hay unas características que definen a la
democracia como sistema organizativo, sin ellas no se puede decir que se está
en ella, a modo sucinto Gándara (2002) cita a Rubio-Carracedo (2000) el cual
dice que:
·
La
democracia tiene un control político de gobierno conducido por representantes
electos por parte de los electores.
·
Estos
representantes deben ser electos en elecciones libres e imparciales.
·
Derecho
al voto universal por parte de los adultos.
·
Derecho
a ser elegidos los adultos para los cargos de libre elección por parte de votantes.
·
Libertad
de expresión, incluyendo críticas a las instituciones y gobierno.
·
Derecho
al acceso de medios de información alternativos protegidos por la ley.
·
Derecho
a la asociación de partidos políticos, grupos de interés con autonomía.
·
Dominio
público regulado constitucionalmente.
·
Controles
y contrapesos en los poderes del Estado.
·
Gobierno
de mayoría que respeta los derechos de las mínorías.
·
Elecciones
regulares e imparciales.
·
Libertad
individual y derecho a la privacidad garantizado
·
Vinculación
efectiva a los principios de justicia y garantiza de los derechos humanos.
Todas estas características definen el principio formal
del Estado de derecho, noción que se ha convertido en factor de legitimación de
los regímenes políticos que detentan el poder de un estado y que ha sido
otorgado por los ciudadanos adultos. Este Estado de derecho está regulado por
las leyes y es la garantía que tiene el propio sistema para su permanencia y
desarrollo a través del tiempo.
Comenta Gándara (2002) que en un verdadero Estado de
derecho nadie tiene el monopolio del poder, y que toda cuota otorgada por la
sociedad a una persona es para que sirva a esa misma sociedad, por esa misma
razón debe haber control y supervisión, a su vez, el otorgado debería rendir
cuentas de sus gestiones a los otorgantes. Es de suponer, que todos estos
principios que definen a la democracia deben ser inalienables e inviolables,
sin embargo, en un Estado de derecho pleno solo lo valores, algo intangible
como la ética, el respeto, la solidaridad, la comprensión, los derechos
humanos, u otros más, son los que la sostienen y le dan vida plena a la
democracia.
Lamentablemente, pareciere que esto no siempre es así,
hay momentos en que las apetencias personales, la organización grupal o
política, los intereses económicos, se conjugan para desvirtuar a la democracia
y convertirla en una mampara que permite la permanencia en el poder de una minoría.
Para ello se valen del fraude, el secuestro institucional de organismos
públicos, la adaptación y promulgación de leyes a conveniencia, todo para
garantizar la extensión del mandato. Todo lo contrario de los principios que
establece en sus escritos Inmanuel Kant (1921) sobre la aplicación de la buena
voluntad.
Aristóteles, citado por Bautista y Ausin (2014) decía que
uno de los fines de la política es formar ciudadanos virtuosos, por ello habla
del fomento de la ética en la formación de tales funcionarios, para que no sean
corruptibles y no se desvíen de las labores para los cuales fueron educados. Lo
que podría ser discutible es que este modelo griego, necesitaba de una casta
social seleccionada, una educación especial desde niños, para unas personas especiales,
o sea, una élite. Nada de igualdad ni democracia participativa con el
desarrollo de escalas sociales movibles para el acceso al poder.
Por su parte, Dewey (1916) comenta que la democracia es
más que una forma de organización social y de gobierno, es una forma de vivir,
de convivir, de participar, con respeto con dignidad, para eso es que el voto
universal y secreto sirve, para elegir a los gobernantes y que éstos sirvan y
ejerzan las funciones que el pueblo, los gobernados, le otorgan de buena fe. Kant
(1921) fundamenta que las personas por su libre albedrío le otorgan de buena
voluntad el poder a otro para que los gobierne, pero esperan que a su vez, éste
tenga una acción recíproca a la hora de dirigirlos, estas acciones se basan en
la ética, en el respeto mutuo, el cual no debería ser quebrantado si no
mediante acciones de rechazo o traición a lo convenido previamente. Así mismo,
Kant (1921) expresa que la buena voluntad no es buena por lo que efectúa, o por
lo que se adecúe, sino que es buena por el querer, es decir, es buena en sí
misma, independientemente de lo que se logre o no, ella se mantiene como un valor
intangible. Siempre está presente.
En este sentido, una de las observaciones de Kant (1921)
podría aplicarse a la democracia, ya que un pueblo que busca elegir a un
gobernante lo hace con la finalidad de buscar su propia felicidad a voluntad,
no por inclinación, sino por deber, y eso es lo que le da a la conducta de
elegir un valor moral, el cual es el que le da piso a su elección. En cuanto a la convivencia democrática, ese
principio de la buena fe, para buscar razonada y voluntariamente la felicidad
forma parte de la misma esencia de lo que se conceptualiza como el desarrollo
práctico de la aplicación de la libertad para elegir.
Sánchez (1985) comenta que la democracia es una forma de
organizar el Estado en el cual, básicamente, los poderes políticos residen en
el pueblo, organizado en cuerpo de ciudadanos, que lo ejerce, bien directamente
(democracia directa), bien a través de sus representantes (democracia indirecta
o representativa).
A
su vez Garvin (2000) expresa que una organización debe modificar siempre
ciertas actitudes, por ejemplo, una empresa que produce y crea conocimiento
debe ser capaz de poder adaptar sus propias estructuras para modificarlas y
adecuarlas a esos propios nuevos conocimientos e ideas, no puede ser
inflexible. Igualmente le tocaría a la sociedad, los individuos deberían
aprender a convivir, adaptarse socialmente lo más prácticamente posible con el
fin de no generar traumas para ellos ni al propio sistema, eso es lo que
garantizaría una buena convivencia y un excelente desarrollo. En este sentido
solo la educación provee el marco de participación social flexible que los
alumnos necesitan para la convivencia en paz y solidaridad que la democracia
les ofrece como forma de vida.
Ahora,
comenta Juárez (2012) que las necesidades del sistema educativo nacional van
más allá de las simples estadísticas y de otorgar títulos académicos. Según el
autor, se necesita salir del modelo formador de valores de forma individual, el
cual queda a cargo de la familia, a un modelo más colectivo o comunitario
aupado por las instituciones educativas. Dice que este proceso debe salir del
rango teórico para ser llevado a un modelo más pragmático, es decir, aplicado
en la escuela para que pueda dar realmente resultado en la formación de valores
ciudadanos.
El
tema de los valores en las instituciones educativas se aborda mediante la
aplicación de los llamados ejes transversales, los cuales se integran entre las
diferentes materias o cátedras que se les dicta a los alumnos para que ellos
apliquen los valores en forma práctica y enlazada con la realidad que les toca
vivir cotidianamente. Por ejemplo, en el área de castellano, se busca generar
alguna actividad como un cuento, por ejemplo, y que éste tenga incluido el tema
de valores como la solidaridad, el respeto, la tolerancia, y que cuente con una
moraleja, de esta forma se busca generar esas reflexiones en los alumnos de
acuerdo a cada nivel educativo. Con este tipo de actividades se aplicaría ese
trabajo colaborativo, que favorezca la convivencia y prepare para vida
profesional armónica y en sociedad.
En
este sentido Juárez (2012) dice que la aplicación de los ejes transversales
debería estar inmerso junto con las políticas del Estado como un programa
articulado que ayude a mejorar la calidad de vida de las personas, que en ello
se valora, comprueba y transforma el mundo, la realidad que rodea al joven no
debe delimitar su desarrollo, sino que por el contrario debe ser un aliciente
para transformarla y mejorarla. En ello vale la aplicación de la convivencia,
la participación ciudadana y la puesta en práctica de los valores y derechos en
modo activo. De lo dicho por Juárez (2012) se podría deducir que es importante
que se enlacen valores, cultura y leyes para darles un sentido constructo más válido
colectivamente, solo allí, se verá el plano de convivencia necesario para
integrar a los individuos como comunidad, como parte de algo más grande que
ellos mismos. Para ello, el trabajo en equipo, en forma colaborativa constituye
una valiosa herramienta para generar esa convivencia existencial que los
alumnos necesitan. Los docentes, en tal caso, deben facilitar la actividad,
darle las orientaciones necesarias, pero dejar que sean los propios alumnos los
que organicen las actividades que van a realizar para cubrir la asignación, así
como las formas, métodos y procedimientos que emplearán. Este tipo de actividad
permite que pongan en práctica una serie de elementos que luego les servirá
para aplicarlos en su vida cotidiana en la resolución de problemas que se les
presenten. Por naturaleza, los liderazgos naturales salen a flote en estas
actividades, así como el seguimiento de instrucciones, el respeto mutuo y la
valoración de las opiniones propias y de otros constituyen una valiosa
herramienta de aprendizaje tanto para los alumnos como para el profesor, el
cual supervisará esa organización como asesor u orientador.
Slavin
(1994) citado por Méndez (2003) comenta que el trabajo colaborativo se basa en
generar una visión compartida y llevar a cabo una labor en grupo o en equipo
que permita cumplir el objetivo original trazado en la asignación. Esto permite
una mejor interrelación entre los participantes, así como una reestructuración
cultural y cognitiva entre ellos. También se favorece la cooperación, el
establecer normas de trabajo grupal, el lenguaje común, aceptación de las
críticas, la realimentación de ideas y mejora las estrategias de aprendizaje,
aunado a que minimiza los sentimientos de aislamiento y el bullying.
Un
buen ejemplo es el que expresa Ouchi (1982) el cual habla de cómo el individuo
se debe comprometer con la organización y con él mismo para poder lograr los
fines propuestos. Sin ese compromiso personal no existe la motivación necesaria
para seguir adelante, para evolucionar, revisar los procesos y mejorar
responsablemente. Comenta que debe haber presente una filosofía que defina al
tipo de organización y que ésta debe tomar en cuenta el desarrollo humano de
las relaciones que se establecen entre los individuos como un elemento
delimitador y respetuoso de las funciones que cada uno ejerce. Todo para ayudar
a la convivencia y al buen desempeño organizacional en forma armónica y
agradable para todos.
Así
mismo, comenta Juárez (2012) que las normas no deben ser algo obligadas o
aplicadas mediante el temor, sino deben formar parte intrínseca del sistema de
convicción del individuo para que puedan ser aplicadas voluntaria y
espontáneamente en sociedad, en ello radica principalmente el concepto de
convivencia y de cohabitación participativa.
Cortina (2000) expresa que todo parte del Ethos, la
cual es una palabra griega que significa "costumbre y conducta"
y, a partir de ahí, "conducta, carácter, personalidad". Es la raíz de
términos como ética y etología. De Viana (1993) comenta que el ethos y los valores que caracterizan a
la sociedad venezolana sufren una transformación para poder adaptarse y
responder a los cuestionamientos que la misma modernidad ha ido implantado
socialmente. Esto porque la cotidianidad de las personas se somete a los
condicionamientos sociales, económicos y políticos del momento.
Comenta
Pascuali (2021) que la moral es la ciencia relacional, que debería ser la
normativa que dicte la forma en que se debe relacionar una persona con el
prójimo. Y que este debe ser un principio válido para todos, ya que la norma
nace de establecer una buena relación entre iguales, es un principio universal
de libre aplicación. En este sentido, el principio de la voluntad propuesto por
Kant (1921) se debería aplicar como una norma de convivencia con el fin de
rescatar y recrear la ética social en los alumnos junto con los conocimientos
técnicos y académicos que se les brinda en el sistema educativo.
Todo
para mejorar y adaptarse a la sociedad, y es como dice Dewey (1916) sobre lo
que constituye una institución educativa, la cual es una institución que
enseña, pero que también, aprende de lo que enseña y eso la hace avanzar a
través del tiempo, lo que la hace revisar constantemente sus procedimientos y
resultados para plantearse metas más exigentes ante los logros alcanzados.
Igual son las personas, van mejorando e incorporando a sus estructuras
cognitivas las experiencias propias y ajenas que van conociendo a través de sus
vidas, lo que mejora y facilita sus relaciones de convivencia efectiva en
sociedad. En este sentido comentan López y Leal (2002) que el sistema educativo
inmerso dentro de la llamada sociedad del conocimiento está en constante cambio
y revisión. No es un organismo estático e inamovible, sino que contiene unas
dinámicas que obligan al propio sistema a actualizarse para adaptarse a los
factores, sobre todo, el tecnológico, y ello también fuerza a los individuos a
estar aprendiendo nuevas destrezas y saberes en modo continuo y constante,
inclusive en espacios no formales e informales. Es decir, se aprende en
cualquier circunstancia y tiempo, sobre todo, en los campos de las nuevas
tecnologías de la información y la comunicación, TIC´s. En este sentido, el
desarrollo de internet posibilita trabajar y aprender desde cualquier lugar al
que se tenga acceso a la Web, todo gracias a las posibilidades móviles que la tecnología
actual permite a través de los celulares u otros dispositivos inteligentes con
capacidades de conexión. Eso sin hablar, de las capacidades ilimitadas que
genera la convivencia digital, la cual permite la interacción y comunicación
entre las personas, prácticamente desde cualquier lugar del globo terrestre las
24 horas del día con la utilización de las redes sociales y las aplicaciones
diseñadas para el entretenimiento y el trabajo a distancia o remoto.
Giusti
(1998) comenta que la ética es una concepción evaluativa de la vida, o una
escala de valores compartidos socialmente, y que estos están inmersos en la
forma particular en que una sociedad organiza sus instituciones. En este
sentido, comenta que en democracia siempre existe una ética, aunque
naturalmente, no todas las éticas han sido pensadas en democracia, sino que
cada sistema organizativo tiene una en particular, estas pueden ser
patriarcales, colectivistas, fundamentalistas, jerárquicas e inclusive aristocráticas,
por ejemplo.
En
este sentido habría que preguntarse, si todos estos factores, familia, escuela,
proceso de enseñanza-aprendizaje, cátedras académicas servirían para preparar a
los alumnos como ciudadanos capaces de desenvolverse en el ámbito social, fuera
y dentro de la escuela. Habría que ver los resultados a través de estudios que
conlleven algo más allá que las meras notas académicas, ya que habría que ver
su desempeño como seres humanos, como profesionales al asumir su rol, algo
difícil de determinar sin planificar unos instrumentos de medición, sin una
programación estratégica que sirva para medir cualitativa y cuantitativamente
unos resultados. Lo que podría necesitar largos años de preparación,
seguimiento y análisis.
En
este sentido McLaren (1995) alerta que los docentes deben tener una visión
crítica de lo que se le presenta al alumno, que debería adecuarse cultural,
regional y étnicamente lo que se les muestra para no generar falsas ilusiones
ni desestimar lo propio, habla de que debería haber auto reflexiones colectivas, para no caer en
lo que él llama un neocolonialismo tecnológico que desvirtúe la esencia del
individuo. Por supuesto, que esto puede tomarse en cuenta, pero los procesos de
globalización tienden a borrar todas barreras, sobre todo, las mentales que se
pueden producir al interactuar con otras realidades. Lo importante es estar al
tanto de la propia identidad y manejarla de acuerdo a la madurez
individual que cada individuo posea.
Aparte
de tomar en cuenta lo académico, lo familiar, habría que ver los ámbitos
geográficos, las actividades económicas, así como las mismas fluctuaciones
sociales, políticas y económicas por las cuales atraviesa un individuo a lo
largo del tiempo, lo que genera variaciones. En este sentido, lo particular en
relación a la convivencia ciudadana quedaría sujeto a la propia personalidad y
características particular de cada individuo, lo más que se puede esperar es
que los valores inculcados en su proceso formativo, sea a nivel familiar y
complementado por la escolaridad, sirvan como normas de conductas asociadas a
la moral y a la ética presente en su sociedad.
Se podría expresar que el hombre es un ser gregario que
necesita la cooperación, la integración, la interacción social con otros seres
humanos para poder adquirir las competencias que lo capaciten como individuo en
la sociedad a la que le toca insertarse. No puede estar aislado, no
sobreviviría, a diferencia de otras especies mamíferas, sus procesos de
maduración son muy largos, depende de otros para crecer y desarrollarse, en
este caso, la familia constituye una necesidad fundamental para lograr la
supervivencia.
La ética, los principios morales son algo que están
inmersos en su sociedad, no son algo etéreo que adquiere por generación
espontánea ni por casualidad, son algo que se espera que vaya adquiriendo a
medida que madura. Se utiliza para ello la educación, sea formal e informal, la
familia como primera institución social cumple el rol primordial de darle un
idioma, el lenguaje, de cubrir sus necesidades básicas, luego las instituciones
educativas se ocupan de transmitirle los conocimientos esenciales para
desempeñar el rol vital que le tocará como profesional en algún momento de su
vida. En este sentido, la educación es un plan de vida que la propia persona
debe concientizar, debe adquirir voluntariamente, se debe comprometer de
corazón, no puede ni debe ser impuesto ni forzado, ello para garantizar que sea
apreciado e internalizado libremente.
Como ser comunitario debería estar inmerso en un sistema de
organización que vele por su protección e integridad, en este sentido, el
modelo democrático es el más abierto, ya que en teoría le daría las
oportunidades de asumir roles específicos, los cuales pueden ir variando de
acuerdo a su desempeño dentro de la misma organización política y estatus social
al tener igual oportunidad que todos los otros individuos. A su vez, debe garantizar
la permanencia del mismo sistema democrático al contribuir con su preservación
y evolución para mejorarlo y conservarlo. En este sentido la propia democracia
debe tener el rol de formar y educar a la persona con el fin de perfeccionar al
propio sistema de gobierno, solo así se garantiza su permanencia a través del
tiempo y de las generaciones. Las propias características de esta sociedad del
conocimiento generan la necesidad que el propio individuo tome conciencia de su
rol, el cual se mueve dentro de la incertidumbre que el propio sistema produce
debido a las dinámicas cambiantes que se presentan y estimulan los desarrollos
tecnológicos a nivel de comunicación e información, y que crean cambios en lo político,
en lo económico y sobre todo, en los aspectos sociales, allí donde,
generalmente, los individuos requieren convivir y desarrollarse en paz y
armonía para alcanzar su potencial personal y colectivo.
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